Bye, bye dietas. Hablemos de comer intuitivamente

La cultura de la dieta se está desmoronando y con justa razón.

 

A ver, partamos con una pequeña prueba. ¿Cuántas de estas dietas has escuchado o probado? La del limón, la del huevo, la alcalina, la low-carb, la proteica, la detox, la atkins, la… uff, un sinfín más. 

Y la coincidencia es que prometen resultados que suenan fantásticos. De seguro todas escuchamos de esa vez que Beyonce hizo una dieta donde bajó cerca de 10 kilos en 20 días para un rol en una película. 

Pero entonces, si a la cantante le funcionó, y a la amiga de una amiga también, ¿por qué dicen que las dietas no funcionan?

Bueno, es simple. Las dietas son cambios que hacemos en nuestra rutina con las expectativas de ver resultados en un tiempo determinado. No estamos adaptando nuestra alimentación a un nuevo estilo de vida, sino que estamos restringiendo y muchas veces obligándonos a mantener hábitos que, bueno, no disfrutamos.

Es que hablemos de cuando hemos intentado hacer una dieta y nos entregan una pauta con alimentos permitidos y prohibidos. ¿De qué va todo eso? ¿Hay alimentos malos y buenos? ¿Acaso después de 3 meses haciendo la dieta, esos alimentos prohibidos vuelven a ser permitidos y ahora sí son buenos para nuestro organismo? Suena bastante loco.

Durante años las dietas fueron una tendencia. Algo que leíamos en las revistas, que conocíamos por el boca a boca y que también queríamos probar para ver si funcionaban. Y bueno, como ya sabemos, todos los cuerpos son y reaccionan diferente. De eso se trata todo esto.

¿Qué es la alimentación intuitiva?

Puede sonar simple, pero finalmente, seguir una alimentación intuitiva sí es un acto revolucionario. Se trata de escuchar a nuestro cuerpo, atenderlo cuándo tiene hambre y complacer sus antojos. Básicamente, distanciarnos por completo de la cultura de la dieta a la que estamos tan acostumbradas.

Y para empezar a inmiscuirnos en esta tendencia, tenemos que dejar atrás todas las reglas que conocíamos sobre la comida y crear las nuestras, todo en relación a nuestro propio estilo de vida. Es decir, no hay alimentos malos ni buenos por ley.

¿No te acomoda comer 5 veces al día? Pues entonces, hazlo solo tres veces, o las que te sirvan.. ¿Recién despertaste y tienes hambre? Aliméntante. El hambre no es algo que nuestro cuerpo refleja al azar, y suprimir nuestro apetito solo porque sí, es un daño tremendo a largo plazo que afecta inclusive nuestra salud mental.

Pongamos un ejemplo simple: te prohibiste las papas fritas. Vas bien, tienes una increíble voluntad y llevas tres semanas sin comerte una papita. Así que te vas a premiar con comida y te permitirás comer, solo una, nada más que una papa frita. Ya sabes lo que viene. El prohibirnos algo puede terminar en atracones que nos hacen doler la panza y que nos hacen sentir una culpa que no se va con nada. O bueno, sí. Se va cuando volvemos a restringirnos.

Comer intuitivamente se trata de romper ese ciclo. De aprender a entender cuánta comida necesitamos, cuántas veces al día. De diferenciar el sentirnos “satisfechas” de “llenas”. De no culparnos, de aprender a querernos y saber que la comida es algo que nos nutre. No es un premio cuando nos portamos bien, ni un castigo cuando hemos tenido hábitos poco saludables.

Y no, no estamos diciendo que comer intuitivamente se trata de comer frituras, pasteles y grasas todos los días. No, créenos que una vez que empiezas a escuchar a tu cuerpo y a desligarte de la cultura de dieta, los hábitos saludables se reflejarán solos. Conocerás los alimentos que te hacen sentir bien, más activa, más feliz. Es que, ¿a quién le gusta sentir hambre? A nadie. Así como tampoco es agradable sentirnos completamente llenas y como que no nos cabe nada más.

Se trata del equilibrio, de aplicarlos a nuestra vida, no de tener una rutina alimenticia por 4 semanas que después vamos a desechar. 

Adiós, pautas, adiós dietas.

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